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COEVOLUCIÓN

COEVOLUCIÓN


El término "coevolución" es utilizado para hablar de los casos en los que dos o más especies influyen mutuamente en su evolución. Actualmente, se conoce que el parásito es dependiente metabólica y evolutivamente del huésped estableciéndose entre ambos contacto e intercambio macromolecular, que genera una coevolución parásito-huésped.

Se considera que los parásitos dependen de expresiones génicas de sus hospederos, por haber perdido sus propios mecanismos. Inversamente, los parásitos, ya sea por convergencias adaptativas o por otros mecanismos, adquieren información similar a la de sus hospederos, lo que les convierte en mejores parásitos, evadiendo exitosamente las defensas inmunes de aquellos.

Las evidencias apuntan a que los parásitos fueron organismos de vida libre que lograron contacto sistemático con el posible hospedero, de lo que derivó una asociación. En todos los casos, esa asociación hubo de desarrollarse gracias a la adaptación producida entre los dos organismos, lográndose finalmente un equilibrio que provocó una coevolución entre ambas especies. De esta manera, encontraron un medio bioquímico y biofísico tal que pudieron adaptarse de forma relativamente sencilla.

Existen tres propuestas sobre las cuales se explica la aparición del parasitismo:

1) Ingestión del "pre-parásito" por su hospedero.

2) Inoculación del agente a través de artrópodos vectores.

3) Invasión activa por parte de los mismos "pre- parásitos".


Mientras mayor fue el contacto entre el "pre parásito" y el futuro hospedero, mayor fue la probabilidad de asociación. Este criterio se amplió cuando se determinó la naturaleza de la asociación, el carácter fisiológico de la misma, la interdependencia bioquímica con tendencia a la estabilidad por pérdida o adquisición mutua de información genética y todo ello dentro de un contexto ecológico, teniendo en cuenta que el medio del parásito está representado por el propio hospedero. Estos procesos conllevaron adaptaciones genotípicas y fenotípicas.

Algunos autores son del criterio de que existen pocas las evidencias actuales que hacen referencia a la coevolución de las estructuras genéticas de parásitos y hospederos; sin embargo, son muchos los casos en los que se pudieran apreciar algunas evidencias de coevolución entre el agente parasitario y el hospedero.

Ejemplo de la coevolución en los parásitos es la interacción entre el molusco Biomphalaria glabrata y su trematodo parásito, Schistosoma mansoni. Se conoce que el helminto, para vivir, debe vencer los productos del metabolismo de los hemocitos del molusco y defenderse contra el daño oxidativo de aquellos. En estudios realizados al respecto se muestra una relación clara entre los niveles de oxidantes y antioxidantes, presumiblemente como resultado de la coevolución simpátrica entre ambos.

La capacidad de varios parásitos para establecerse y perdurar en el hospedero depende de su habilidad para evitar la inducción de respuestas inmunitarias capaces de rechazarlos, a inactivar los efectores de la inmunidad innata y adquirida, o a perturbar el desarrollo de algunas modalidades de respuesta de los linfocitos T específicos, o mecanismos de defensa presentes en diferentes células del sistema inmune.

 

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